Entre Líneas y votos I Noroña y morena: la doble moral como proyecto político

Por: Alberto Catalán

Por momentos parece que Gerardo Fernández Noroña sigue creyendo que vive en aquellos años en los que su discurso irreverente de “austeridad” lo convertía en una especie de guardián moral de la 4T. El problema es que, para quien presume tanta congruencia, la realidad ya lo alcanzó. El senador muestra hoy una doble moral que contradice todo aquello que lo ofendía y hoy no solo lo contradice, lo exhibe.

Porque mientras en los mítines de antaño hablaba de sencillez, hoy se desplaza con los privilegios y la soberbia de un político que perdió el piso. La austeridad que promovía quedó olvidada en un cajón, junto con el compromiso ético que tanto pregonaba. Es el clásico caso del político que se indigna cuando le conviene y se olvida de sus propios sermones cuando llega al poder.

A este comportamiento se suman sus recientes declaraciones en contra de la Presidenta Municipal de Uruapan, Grecia Quiroz, viuda del alcalde Carlos Manzo, asesinado hace apenas unas semanas. En lugar de mostrar sensibilidad frente a una tragedia que conmocionó a Michoacán y al país entero, Noroña optó por la descalificación fácil, el ataque personal y la politiquería más baja. Nada más lejano de un “representante del pueblo” y mucho más característico a un agitador que confunde la autoridad moral.

Pero si algo dejó completamente expuesto al Senador, fue su reciente gira por Guerrero. Más que un recorrido político, aquello pareció una colección de eventos montados, sin convocatoria, sin estructura y sin respaldo real del pueblo guerrerense. Actos de no más de 40 personas, cuando bien le fue, en los que lo único que logró destacar fue su ya conocida habilidad para insultar: atacó al senador Manuel Añorve, al dirigente petista Victoriano Wences y hasta a su compañera de partido, la senadora Beatriz Mojica. Una gira que pensó lo consolidaría como el gran político, lo terminó retratando retratando como lo que es: un personaje aislado, beligerante y sin proyecto.

La falta de convocatoria no es casualidad. Es el reflejo de un político que ha gastado su capital en gritos, no en propuestas; en pleitos, no en resultados; en construir enemigos, no confianza. Por eso, cuando Noroña llega a Guerrero, la gente no asiste. Y los que asisten, según relatan presentes, lo hacen más por curiosidad y morbo, que por convicción.

El senador parece no entender que la doble moral no solo se nota, sino que también cansa. Y que su discurso, antes combativo y opositor, hoy se percibe vacío, repetitivo y desconectado del país que dice defender. La política, como la congruencia, se sostiene todos los días. Y es justamente ahí donde Noroña quedó debiendo.

Ante un país que exige seriedad, responsabilidad y resultados, su comportamiento decepciona y preocupa. Porque si así actúa un político que presume ser valuarte del movimiento de la cuarta transformación, que nos espera de nuestros gobernantes y representantes populares.

“Nadie necesita tanto una máscara como quien tiene la cara llena de contradicciones.” Mark Twain